Intolerancias al gluten o al trigo

Gustavo Silva García

Intolerancias al gluten o al trigo

Cada vez son más las personas que, por diversos motivos, eliminan el gluten o el trigo de la dieta.

Probablemente, muchos conozcamos a alguien que, ya sea por indicación médica o sin ningún tipo de prescripción facultativa, retira este cereal de su alimentación con resultados casi inmediatos, aseguran, de mejora en los procesos digestivos. 

  1. Enfermedad Celiaca o Celiaquía
  2. Alergia al trigo
  3. Sensibilidad al gluten no celiaca
  4. Sensibilidad al trigo no celiaca
  5. Intolerancia a los fructanos
  6. Dieta sin gluten para adelgazar

La Enfermedad Celiaca (EC) es una patología multisistémica con base autoinmune provocada por el gluten y prolaminas relacionadas, en individuos genéticamente susceptibles, y se caracteriza por la presencia de una combinación variable de manifestaciones clínicas dependientes del gluten, anticuerpos específicos de EC, haplotipos HLA DQ2 o DQ8 y enteropatía (ESPGHAN-2012).

El diagnostico de sospecha de la EC se realiza mediante un examen clínico cuidadoso y una analítica de sangre, que incluya los marcadores serológicos de enfermedad celíaca (anticuerpos antigliadina, antiendomisio y antitransglutaminasa tisular).

Para el diagnóstico de certeza es imprescindible realizar una biopsia intestinal. Para realizar esta prueba es necesario que no se haya retirado el gluten de la dieta. 

Eliminar el trigo significa suprimir el gluten, una proteína que se halla también en el centeno y la cebada y que en los últimos tiempos está en el ojo del huracán. Dejar de consumirlo supone, para muchas personas, mejores digestiones, menos hinchazón y pesadez, reducción de los gases y una mejora considerable de la sintomatología digestiva, de modo que incluso muchos que no son celíacos, alérgicos o intolerantes al gluten deciden seguir una dieta como si efectivamente lo fueran. 

Mejoras digestivas 

Para muchas personas, una dieta sin gluten implica una disminución de gases y de hinchazón abdominal 

Esta mejora casi instantánea en cuanto se retira el gluten puede deberse a diversos motivos. 

En primer lugar, puede existir una celiaquía no diagnosticada, cosa más frecuente de lo que creemos, de modo que conviene someterse a todas las pruebas necesarias. 

También es probable que exista un proceso transitorio de intolerancia a los fructanos, un tipo de azúcares presentes en el trigo, que pueden causar toda esta sintomatología. Este último proceso no tiene que nada que ver con el gluten, sino con el trigo en sí, y suele mejorar al cabo de un tiempo cuando el organismo consigue absorber de nuevo estas sustancias y el proceso digestivo vuelve a mejorar. 

Existe un tercer escenario por el que muchas personas notan una mejora en sus digestiones al retirar el trigo. En ocasiones, lo que ocurre simplemente es que al eliminar los farináceos, muy presentes en nuestra dieta, se acaba cambiando el patrón de alimentación y se introducen más frutas, verduras y legumbres, de modo que se mejora, sí, pero no por haber retirado el trigo, sino porque se come mejor. 

Más allá de la enfermedad celíaca o la intolerancia a los fructanos,  que suele ser transitoria y remite con el abordaje correcto, es cierto que algunas personas sin enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten pueden experimentar síntomas dispépticos, como hinchazón, gases, pesadez e incluso alteración del hábito intestinal, que pueden estar desencadenadas o empeoradas tras la ingesta de trigo. A este fenómeno se le ha denominado sensibilidad al trigo no celíaca

Es importante no confundirla con la celiaquía, que es una enfermedad autoinmune con base inmunológica que requiere un diagnóstico adecuado que en ocasiones no se da, lo que hace que muchas personas se encuentren en un limbo diagnóstico que las lleva a ir dando palos de ciego. 

La sensibilidad al trigo no celíaca es un área activa de investigación, pero aún se necesita más para comprender completamente sus mecanismos subyacentes y su prevalencia. Además, debido a que faltan biomarcadores específicos para esta afección, el diagnóstico puede ser difícil y, a menudo, se basa en la exclusión de otras enfermedades. 

Sin embargo, aunque los síntomas pueden ser similares a los de la enfermedad celíaca, la sensibilidad al trigo no celíaca no produce un daño a la mucosa del intestino delgado. 

Tampoco hay que confundir la sensibilidad al trigo con la alergia al trigo, en la cual sí que existe un mecanismo inmunológico, mediado por un tipo de inmunoglobulinas llamadas IgE, que puede presentar síntomas similares porque ciertas proteínas presentes en el trigo distintas del gluten pueden causar también síntomas en algunas personas. 

Dado que el diagnóstico es complicado y suele producirse por descarte, diversos estudios científicos están empezando a cuestionar que, efectivamente, exista un cuadro clínico que corresponda a una sensibilidad al gluten no celíaca de origen difuso. 

Uno de ellos, a cargo de científicos de la Universidad de Monash (Australia) concluye que el responsable de esta sintomatología no es el gluten, sino, efectivamente, los fructanos. 

Estos son un tipo de FODMAP, unos carbohidratos de cadena corta que se encuentran en una variedad de alimentos que se absorben mal en el intestino delgado. 

La investigación concluye que una dieta baja en FODMAP, que además de los fructanos son los galacto-oligosacáridos, galactanos, lactosa, fructosa y polioles, puede mejorar notablemente determinadas patologías digestivas como el síndrome del colon irritable. 

Esto significa que en los últimos tiempos se ha demonizado el consumo de trigo con base en estudios poco concluyentes, poco representativos y en líneas generales mal diseñados. 

Retirar el trigo porque sí de buenas a primeras sin ningún tipo de seguimiento médico está contraindicado, ya que, en muchos casos, si efectivamente existiese una celiaquía, esta acaba siendo de muy difícil diagnóstico y requiere una reintroducción progresiva del gluten, de manera que el proceso acaba siendo muy farragoso. 

Esto no significa que se deba comer trigo sí o sí para tener una dieta saludable, de manera que aquellas personas a quienes no les guste pueden buscar los carbohidratos en otros alimentos.

El trigo ni es el demonio ni es imprescindible para la vida. Eso sí, en el momento en que alguien sospecha que podría tener algún tipo de sintomatología vinculada a su consumo debe ponerse en manos de un profesional titulado y colegiado, que estudie el caso para descartar patologías e ir viendo.

Otro aspecto a tener en cuenta es que lo que para muchas personas es una reacción al trigo en forma de hinchazón, gases y molestias digestivas, no deja de ser, una respuesta del aparato digestivo a las fermentaciones cortas.

En líneas generales nuestra manera de comer ha cambiado y tendemos a consumir productos menos digestivos en general. Muchos panes que se elaboran hoy en día, con el pan blanco de supermercado como paradigma, se elaboran tras fermentaciones cortas, y además en muchas ocasiones se enriquecen con gluten para que tengan una mejor textura. 

Esto es más indigesto, ya que son las fermentaciones largas las que permiten la degradación de ese gluten y de los fructanos presentes en el trigo y, por tanto, una mejor absorción en el intestino. 

Si existe un alimento indiscutiblemente ligado a la evolución humana es precisamente el trigo, cuyo ADN se ha ido modificando a lo largo de los años para adaptarse a los diferentes periodos históricos. 

Este se originó hace 10.000 años en el Medio Oriente y uno de los hitos más importantes en su evolución genética fue el proceso de poliploidización, que ocurrió hace unos 8.000 años. 

Este proceso implica combinar dos o más juegos completos de cromosomas de diferentes variedades de trigo para crear nuevas variedades con características mejoradas. Por ejemplo, el trigo blando actual es el resultado de la unión de dos especies, lo que da como resultado una planta más productiva y adaptable. 

En la actualidad, los científicos están empezando a utilizar métodos más avanzados de mejora genética, como la hibridación y la ingeniería genética, para desarrollar variedades de trigo con características específicas, como resistencia a herbicidas, mayor contenido de proteínas o mejores propiedades panificadoras.

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Detalles y descripción

Nota: Fotos e ilustraciones obtenidas de Internet.

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